JOSE MARÍA PÉREZ ARIAS

en el ciberespacio desde el 10 de Junio de 2002


A principios de la pasada semana falleció José Mª Pérez Arias tras sufrir durante los últimos años una larga enfermedad. Un día antes había muerto su esposa a consecuencia de un accidente. "Unidos hasta la muerte" parece algo especialmente escrito para esta anciana pareja hoy desaparecida.

A muchos el nombre de Pérez Arias no les dirá gran cosa, pero para muchos otros ha sido un personaje fundamental en nuestra afición y en el incremento de nuestros conocimientos automovilísticos.

Conocí a Pérez Arias en 1977 cuando José Mª Bascones me introdujo en el Antic Car Club de Catalunya. Era el bibliotecario del entonces casi incipiente club que sin embargo, y gracias a Fermín Sulé, rebosaba de ideas y proyectos. Pérez Arias era la persona a la que todos consultaban sobre cual era el año de un modelo determinado, sobre si ese tipo de carrocería era o no original, y toda clase de dudas. Su prodigiosa memoria y su excelente archivo de fotos y catálogos nos permitían a todos practicar con base histórica ese lema del "Fija, Limpia y da Esplendor" de la Real Academia Española de la Lengua, sólo que aplicado a la mejora de la autenticidad de los coches existentes en España.

Piense el lector que hablamos de unos años en los que los coches coleccionables eran básicamente los anteriores a 1940, coches que con frecuencia habían sufrido enormes transformaciones tras la guerra civil, y saber a ciencia cierta qué era exactamente un determinado modelo encontrado por un aficionado en un pueblo perdido no era siempre fácil. Se requería con frecuencia de todo un experto en "arqueología" automóvil para saber lo que correspondía y lo que no correspondía a un coche concreto, y la ayuda que prestaba Pérez Arias, apoyado además en catálogos originales de época, era inestimable.

Fue Pérez Arias el principal colaborador que tuvo el también fallecido Joaquín Ciuró para escribir su libro sobre las marcas españolas de automóviles aparecido en 1970, primer libro del género y que tan importante ha sido para todos. Fue mi principal colaborador cuando pusimos en pie la revista Antic Car, revista de poca difusión pero que, sin falsas modestias, marcó un hito en su momento siendo por ejemplo la que más cosas publicó, de manera sistemática, sobre los automóviles nacionales en general y sobre los Pegaso en particular antes de la aparición del libro de Mosquera y Coma Cros (ambos colaboradores de Antic Car en este tema de los Z102); su documentación y su memoria fueron fundamentales para mi libro sobre el automóvil en España ,y cooperó sistemáticamente con numerosos periodistas y aficionados a las cosas del motor.

Pérez Arias era también un miniaturista muy activo, poseyendo miles de coches a escala. A veces simplemente montaba los coches que compraba, pero cuando no había un ejemplar determinado en el mercado que él quisiera tener, a base de piezas existentes y de otras elaboradas por él, lograba hacer el automóvil deseado, habiendo así marcas españolas de las que lo único físico que queda hoy es... la miniatura de Pérez Arias de un determinado modelo.

Su obsesión por los catálogos desde niño le llevó a situaciones que hoy nos hacen reir pero que pudieron haber sido muy graves. No me resisto a contar una de ellas que es la siguiente:

Durante la guerra civil José Mª Pérez Arias fue por supuesto movilizado dada su edad, estando casi siempre en las oficinas del puerto de Barcelona. Sin embargo, y a fin de lograr la máxima eficacia de cara a la batalla del Ebro, el ejército republicano necesitaba del máximo de soldados en el frente y a Pérez Arias, que estaba en Intendencia, le asignaron un mulo con el que debía aprovisionar en alimentos y munición a los combatientes en plena línea de frente.

En una de estas llegaron a un pueblo importante en el que había una agencia de la General Motors que había sido alcanzada por la artillería. El suelo estaba lleno de catálogos de todo tipo de modelos y marcas de dicho grupo. ¡ Eso era demasiado para Pérez Arias ! Pero el problema era cómo llevárselos, por lo que al final optó por vaciar las alforjas del mulo de los alimentos que llevaba y cargar los catálogos en su lugar, pensando en volver a su base, dejar los catálogos, y regresar a por la comida de la tropa. Lo malo fue que tras dejar a buen recaudo su precioso cargamento y tratar de regresar los nacionales contraatacaron.

El oficial que estaba al mando de su compañía dijo algo así como "asegurar posiciones y mientras tanto vamos a comer. ¡Soldado! ¡Traiga la comida!" El bueno de José Mª Pérez Arias dijo "¡Tierra, trágame!" Y se deshizo en explicaciones. El oficial quería poco menos que formarle consejo de guerra allí mismo, pero según decía el propio Pérez Arias "... tuve la "suerte" de que los nacionales se pusieron en ese momento a tirar intensamente sobre nuestra posición, y el oficial dio la orden de dispersarse y yo, por supuesto, me dispersé ¡vaya que si me dispersé! Y pude además poner a salvo los catálogos e ir a por comida con la que cargar el mulo". Y a continuación, siempre que narraba esta historia, José Mª desaparecía unos minutos y volvía lleno de catálogos que ponía sobre la mesa y, sonriendo, decía "estos son algunos de los catálogos que cogí ese día".

Ha muerto sin duda un hombre muy bueno y, para todos los aficionados, ha muerto un hombre que supo conservar y transmitir sin reservas sus conocimientos. Sin él nuestro conocimiento sobre la historia del automóvil, sobre todo el de la española, sería sin duda mucho más pobre, porque eran muchas las cosas acaecidas en los años veinte y treinta y que, en los setenta y ochenta ya sólo él recordaba. Bastaba con preguntarle y lo contaba todo, buscaba fotos, artículos y datos para ayudar a quien le preguntase y nunca buscó protagonismos.

A él le gustaba definirse con legítimo orgullo y ante sus íntimos como "Historiador, bibliotecario y miniaturista del automóvil", así que acabaré este artículo diciendo:

Ha muerto José Mª Pérez Arias, historiador, bibliotecario y miniaturista del automóvil. Descanse en paz.


Aportación de Pablo Gimeno Valledor