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Le Manoir de L’Automobile, ¿A quién le interesaría?

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Llevo más de 5 años visitando museos de coches por media Europa y pocos han superado mis expectativas tanto como este. Le Manoir de L’Automobile que traducido quiere decir algo así como “el señorio del automóvil” es uno de esos sitios en donde los amantes de los coches como yo pierden la noción del tiempo, se olvidan del apetito y es posible de que no se acuerden de si han venido acompañados o no.

Este museo no puede entenderse sin una figura entusiasta como Michael Hommell. Para quienes no le conozcan, Michael Hommell creó, junto con algún amigo, la revista Echapement, en 1968 con poco más de 20 años y sin ningún estudio. A partir de esa revista creo el grupo editorial Hommell, un verdadero imperio con mas de una decena de revistas editadas del mundo del motor en Francia como por ejemplo Auto Hebdo, Echapement Classic, American Muscle Cars, Nitro, 2cvmag o Vw Super Mag. Tal es su pasión por los automóviles que con la ayuda de varios de los miembros de la redacción de una de sus revistas, creó en 1994 un marca automóviles con su propio apellido.

300 habitantes, 30 hectáreas

Cinco años después de crear su propia revista empezó a buscar una casa de campo donde afincarse. Estuvo buscando en el Reino Unido, pero desestimó la idea de comprarse una casa al otro lado del canal de la Mancha porque eran demasiado caras. Volvió a Francia y dada su similitud con la zona en la que había estado buscado y los buenos recuerdos de su niñez por una vacaciones en Carnac, encontró una pequeña localidad de unos 300 habitantes entre Rennes y Redon. Esta localidad se llama Loheac, situada a unos 380 kilómetros al oeste de París. Entonces era un pueblo lejos de todo, ignorado por los turistas; solo tenía una cafetería, una carnicería y un restaurante…

Al poco tiempo, Michael Hommell buscó un lugar para almacenar el centenar de vehículos que tenia dispersos en varios lugares. Fue entonces cuando los lugareños le ofrecieron una finca con una superficie de 30 hectáreas. No tenía idea de crear un museo, ni que por aquella época la gente tuviera interés en ver sus coches. Pero empezó a tener cada vez más peticiones para visitar su colección. Hacia 1980 emprendió definitivamente el proyecto y se volvió más metódico con la compra de vehículos. Contrató a los mejores artesanos locales los cuales tardaron 10 años en transformar unos edificios del siglo XVII en ruinas en las que hubo una vez vacas, cerdos, gallinas y caballos en más de 14.000 m² de exposición distribuidos en dos plantas de varios edificios conectados que muestran más de 400 vehículos (incluidos los 50 carruajes tirados por caballos).

 

Un centenar de maniquies, 30 dioramas y más de 3.000 coches en miniatura y miles de objetos de todo tipo completan la exposición. Las instalaciones del museo no sólo se quedan en la parte expositiva: El complejo cuenta con un circuito permanente de rallycross pionero en Francia, un circuito de asfalto con escuela de pilotaje, un circuito para karting y un par de pistas de tierra.

De Grupos B y Carruajes

Nada más pasar por taquilla y tras dejar atrás una interesante boutique que dejaremos para el final si nos queda tiempo, nos encontramos con varios modelos franceses de preguerra como como Renault NN, Salmson Val 3, Citroen 5cv y CF, Mathis, Ballot o Tracta junto con varios vehiculos antiguos como De Dion Bouton, Ford T, Leon Bollee, Le Zebre o Panhard. Tras este aperitivo pasamos a la siguiente sala del museo. Decorada con decenas de carteles luminosos vintage aparecen en el centro de la nave varios vehículos participantes en las 24 horas de Le Mans: un Aston Martin DB7 de 1995, un Bugatti Eb110 S de 1994, siendo esta la ultima unidad de la marca alsaciana en correr la mítica prueba de resistencia.

Un par de Courage: un C41 de 1997 y un C36 de 1996; un Jaguar XJR11 de 1990 y un Alpine A210 de 1966. Esta sala esta rodeada por una impresionante colección de Alpine de no menos de una docena de ejemplares incluyendo varios cabriolet rarísimos. Completan la estancia varias motos, algún que otro DB, Panhard o un Dragter de carreras de aceleración tan típicamente americanas. Sin recuperar el aliento nos encontramos con una colección completa de modelos del antiguo grupo B de rallyes: Lancia Delta S4 y 037, Peugeot 205 T16 evo2, Citroen BX 4TC, MG Metro 6R4, Ford RS200, Renault 5 Maxi Turbo (ex Carlos Sainz), Nissan 240RS y el siempre imponente Audi Quattro S1 ex Walter Röhrl con una bonita librea de Audi Sport.

Si optamos en este momento por subir al piso superior seguiremos con la temática de competición: una muestra de vehículos de Rallycross. Sin ser unos vehículos tan salvajes como los anteriores Grupo B, llaman la atención la diversidad de modelos como un Citroen Xantia o Ford Escort WRC, pasando por Audi Quattro, Matra Murena o Citroen Ax. A continuación se exponen formando un pasillo, aparcados en bateria, varias unidades y prototipos Hommell fabricados cerca del museo, así como también deportivos “populares” como Bmw, Simca, Ford, Peugeot, Talbot, Renault, Fiat Abarth, Trabant, NSU… Frente a esta fila se encuentran apilados en línea algún Triumph, Lotus, Honda o Volkswagen.

Corredores celestiales

Pasamos a la siguiente estancia y cambia totalmente la temática del museo. Una muestra de carruajes y escenas de antiguos oficios ambientados con numerosos maniquies vestidos con ropa de época al que no les falta detalle. En una sala cercana se muestran varios coches del Paris-Dakar como un Lada Poch conducido por Jacky Ickx, un curioso Renault 18 familiar o un Buggy pilotado por Hubert Auriol; varias motos de competición, algunos monoplazas de formación, mientras que del techo pende colgado un avión Fouga-Magister.

En la última sala del piso superior nos encontramos con varias decenas de coches aparcados en batería a ambos lados, es otra muestra de deportivos: Venturi, Alfa Romeo, Lancia, De Tomaso, Mercedes, Audi, Porsche, Saab, Simca, Ford, Talbot, Aston Martin, Jaguar, Facel Vega y más de media docena de Maserati. Realmente abrumador. Al fondo de la sala hay una taberna vintage de los años 50 que estaba sin uso el día que lo visité. Llegados a este punto toca hablar de uno de los inconvenientes del museo: Cierra al mediodía. Tiene un horario de 10 a 13 horas por la mañana y de 14 a 19 por la tarde, por lo que recomiendo planificar la visita (y el almuerzo) porque hay mucho por ver y se pasan las horas volando.

Grandes y pequeños encapillados

Después de un rápido almuerzo y volviendo al piso inferior, pasamos a la estancia dedicada a Lamborghini con una buena colección de modelos de la firma del toro hasta que esta entró a formar parte del grupo Audi. Junto a los coches se muestra la lancha off-shore de motor Lamborghini llamada Colibri 4. La misma con la que se produjo en 1987 el accidente en el que perdieron la vida el antiguo piloto de Formula 1 Didier Pironi y sus dos copilotos. Esta lancha estuvo almacenada varios años, y solo justo cuando se empezaba a dañar el casco fue comprada de forma simbólica por un euro por Michael Hommell. Con la ayuda de la propia Lamborghini y de la constructora de lanchas del Lago di Como de los hermanos Abbate, el coleccionista la restauró para ser expuesta al publico en homenaje al piloto francés.

Tras pasar por la recreación de varios talleres de reparación de automóviles pasamos a una sala dedicada a los automóviles en miniatura. Decenas de vitrinas clasificadas por marcas, dioramas representando diferentes escenas militares o de competición. Esta sala es en si misma un museo dentro de un museo. La variedad y la cantidad es impresionante.

La zona dedicada a Ferrari tiene su propio apartado dedicado a las miniaturas en más de una decena de vitrinas. Junto a ellas, una muestra de modelos muy difíciles de ver juntos: Dos 308 GTB, uno con carrocería de poliéster y otro de rallye, un 288 Gto, 512BB, Testarossa, F40, 250 SWB y un Formula 1 de 1983.

La capilla de los motores tiene una historia peculiar. A pocos kilómetros de Loheac, un viejo castillo en ruinas fue comprado por americanos para ser desmontado piedra a piedra y ser enviado a los EE.UU. Sólo se mantuvo la capilla anexa que también fue cuidadosamente desmontada y enviada al museo para formar una estancia para acoger una colección de motores que muestran los avances tecnológicos del siglo XX. Desde el monocilindro Aster al 6 cilindros en V Turbo de Renault F1. Como detalle, cuando el visitante cruza la entrada de la capilla, el sonido se pone en marcha y la historia de los motores también. Desde el sonido cacofónico de los primeros motores al sonido estridente de los motores V12 de Ferrari de Formula 1.

La siguiente dependencia tiene los vehículos ordenadas en 4 filas: una para las furgonetas, vehículos industriales y un par de camiones de bomberos, dos filas para los grandes coches de lujo de varias épocas como Rolls Royce, Cadillac, Horch, Talbot, Tatra, Lafayette, Packard o Desoto, y la ultima hilera esta dedicada a coches de competición antiguos tales como un Citroen “Petit Rosalie”, Aries, Benjamin, Le Zebre y Amilcar. Al fondo de esta sala llama la atención un camión Man de competición patrocinado por Cepsa y pilotado en su día por Antonio Albacete.

Santuario de F1

Separados por un tabique se nos presentan un buen repertorio de vehículos franceses de las marcas Peugeot y Renault así como una muestra de vehículos anfibios: desde el conocido Amphicar hasta otros mucho más extraños como Salmson, Voisin, Pocin y Croco con diferentes sistemas de motor. Completan la fila de coches varios Jeep militares.

En la última sala del museo nos encontramos la traca final, una parrilla de 18 monoplazas de Formula 1. En las paredes laterales unas vitrinas repletas de piezas, cascos, imagenes y monos de pilotos y algún que otro motor.

Así que recordad, si vais a pasar unos días por la región de Bretaña, o acabáis de visitar la abadia de Mont Saint-Michel, a menos de hora y media en coche tenéis una visita imprescindible. Planificar la visita y reservarle un día al completo, no os defraudará. Además, si tenéis suerte, se puede admirar algún coche de la exposición que abandona las instalaciones para dar un paseo.

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