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Ebro B-45, ¿El camión más coleccionable?

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Lo importante de una restauración, siempre que no se haga con miras a participaciones deportivas, debería ser la búsqueda de la mayor originalidad posible, ¿no?.

En el terreno de los coches clásicos este es un aspecto que aún a día de hoy no siempre se consigue -o se busca- en nuestro país, y eso que la afición ya ha cumplido ampliamente los 50 años desde aquellos primerísimos rallyes como el Barcelona-Sitges o el Madrid-Benidorm.

Y entonces, con los industriales clásicos, ¿qué ocurre? Es un sector de nuestra afición que está aún en pañales y que es bastante minoritario, si bien últimamente se está avanzando a pasos agigantados. Se empiezan a ver camiones restaurados casi en cada evento; no en grandes cantidades, pero parece que ya son cosa fija.

Sin embargo, aunque siempre es loable el esfuerzo por conservar y restaurar uno de estos grandes armatostes, no siempre se hace conforme a lo que podemos ver en las fotos de época. Algunos de los aspectos que suelen “fallar” son los esquemas de colores y las cajas de carga.

Este Ebro B-45 está perfectamente restaurado con respecto a su estado original
Este Ebro B-45 está perfectamente restaurado con respecto a su estado original

Sobre estas últimas existe un problema fundamental, y es que al estar fabricadas en madera hasta bien entrados los años 60, lo normal es que el uso intensivo y el paso del tiempo haya producido un desgaste importante, llegándose en ocasiones a la total podredumbre y desaparición de las mismas.

En muchos casos la antigua caja está prácticamente inservible y no quedan de ella más que los herrajes metálicos a la hora de afrontar la recuperación de un camión veterano.

Y es aquí donde se produce el error más común: se fabrica partiendo de cero una “bonita” caja de madera de gran calidad, con un diseño que más se parece al de un mueble de salón que al que montaban los antiguos vehículos industriales.

Muchas veces he visto este tipo de cajas nuevas con un pretendido aspecto de antigüedad, que entre la madera nueva e impoluta y un diseño anacrónico consiguen quitarle toda la gracia a un camión perfectamente restaurado.

La elección de los colores apropiados también es de vital importancia
La elección de los colores apropiados también es de vital importancia

Es por esto que debemos insistir siempre en la persecución de la originalidad y un aspecto lo más parecido posible al de época. Otro “traspiés” común en esto de restaurar o reproducir las antiguas cajas de carga suele estar en el tema de la pintura.

Si observamos con detenimiento las fotografías antiguas veremos que desde los años 30, y sobre todo en las décadas sucesivas desde los años 40 hasta los 60 en que se comenzaron a usar los materiales metálicos para su construcción, las cajas iban normalmente pintadas en algún color que destacaba en contraste con la cabina.

Por ejemplo, era normal verlas pintadas en beis o gris, con una franja central en blanco o rojo… y, sin embargo, actualmente las cajas restauradas o rehechas simplemente se barnizan dejando a la vista esa madera brillante que nada tiene que ver con lo que veían nuestros padres o abuelos por las carreteras de los años 50.

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Este Ebro también está en buen estado “físico”

Bueno, y se preguntarán ustedes a qué viene todo este ladrillo sobre la restauración apropiada o no de camiones clásicos si viendo en las fotos a nuestro protagonista no se le puede poner ninguna pega a este respecto.

Efectivamente, este bonito Ebro B-45 presenta un aspecto muy próximo al que podría haber tenido en sus “años mozos”, y eso es precisamente lo extraordinario de esta unidad fabricada en Barcelona en la factoría de Motor Ibérica.

Motor Ibérica

Aunque estos pintorescos Ebro “de morro” de la serie B fueran los primeros camiones producidos bajo tal marca, la factoría barcelonesa ya tenía en los años 50 una amplia experiencia en la fabricación de vehículos.

En 1920 se estableció en Cádiz la “Ford Motor Company S.A.E.”, que en 1923 se mudó por motivos administrativos a la Zona Franca de Barcelona, concretamente en la Avenida Icaria
número 149.

Allí se comenzaron a montar enseguida los coches y camiones Ford, y en 1929 se constituyó la sociedad “Ford Motor Ibérica” con entrada de nuevos inversores nacionales y extranjeros que elevaron el capital social de la compañía hasta los 15.000.000 de pesetas.

En el interior también se ha conservado un ambiente "de época"
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En el interior también se ha conservado un ambiente “de época”

En aquella época se ensamblaban en Barcelona los Ford A y AA -modelo de camión derivado del A de 4 cilindros-, aunque anteriores estudios sobre Ford Motor Ibérica situaban como primer camión producido al posterior 7V.

Precisamente, este modelo fue diseñado en Inglaterra en su parte estética, montaba el famoso motor V-8 de Ford y comenzó a ensamblarse en nuestro país en 1934. Además, estos camiones ostentan el honor de ser los primeros producidos en España con cabina adelantada.

Se siguieron montando turismos y camiones hasta el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, momento en el que la fábrica pasó a depender de la aviación republicana y cesó la producción de vehículos.

Tras la contienda  la factoría sirvió de taller donde se reacondicionaban vehículos de todo tipo al mismo tiempo que se fabricaban los necesarios equipos de gasógeno. Al poco comenzó la producción en Barcelona del Ford 118-T con motor V8, un modelo americano presentado en EE.UU en 1941 y que se ensambló en Ford Motor Ibérica durante el periodo 1943-1946.

Motor Ibérica proviene de los Ford montados en España desde los años 20
Motor Ibérica proviene de los Ford montados en España desde los años 20

A este le sustituyó el primer modelo que Ford presentó tras la II Guerra Mundial, el Serie C, que debido al diseño de su frontal fue apodado en España como “barbas”  y que se produjo en Barcelona prácticamente hasta principios de los años 50, cuando Motor Ibérica entró en contacto de nuevo –como antes de la Guerra Civil- con la Ford inglesa.

En este caso no se pretendía volver a producir modelos de turismo, sino solo tractores y camiones, en parte debido al Decreto de 15 de febrero de 1952 por el que el gobierno español convocaba un concurso para la fabricación seriada de tractores el cual que le fue adjudicado finalmente a Ford Motor Ibérica.

Para tal fin la fábrica barcelonesa tuvo que actualizarse y ampliarse, pues en el programa de producción se estimaba que al quinto año debían salir de la cadena de montaje unas 3.000 unidades anuales del tractor Fordson Major con licencia inglesa.

En 1954 la empresa cambia su denominación una vez más, pasando a llamarse “Motor Ibérica S.A.” tras nacionalizarse parcialmente, con un capital social que ascendía a 9 millones de pesetas, y comienza la fabricación de tractores agrícolas.

Una típica escena que bien podría ser de los años 60 o 70
Este Ebro también está en buen estado "físico"
1- Una típica escena que bien podría ser de los años 60 o 70
2- La caja ha sido restaurada excepcionalmente

Tras un periodo de estabilización de la producción y ante la buena marcha de la compañía, los directivos se plantearon la producción de camiones tomando como base los Thames fabricados por Ford en Inglaterra.

Debemos destacar que Thames es el apelativo que se les dio en Reino Unido a los camiones Ford tras la II Guerra Mundial, en honor al río Támesis. Este hecho inspiró la elección de la denominación Ebro –como el río español- para los que serían los Ford industriales españoles.
 

Continúa en la Página 2…

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