Carlos Sanz

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N ací en Madrid en 1964, el momento y el lugar equivocado para un aficionado a los coches. Es de sobra es conocido que en esa época, a pesar de coincidir con la expansión económica española y de que el parque automovilístico aumentó considerablemente, la oferta de modelos era muy limitada, sobre todo la de vehículos fabricados fuera de nuestras fronteras.

Aún así, estaba al día de las novedades del panorama internacional gracias a que mi padre compraba mensualmente la revista francesa “L´Automobile”, que un servidor hojeaba y hojeaba hasta desgastar el papel de sus páginas.

Desde entonces, siempre mis juegos y entretenimientos estuvieron relacionados de alguna manera con los automóviles. Todos en mi familia sabían que la forma de contentar al pequeño Carlos era regalarle un auto en miniatura, juguetitos que almacenaría de forma compulsiva hasta convertirse en un gran coleccionista de coches a escala hoy en día.

Durante muchos años mi vida laboral no ha estado vinculada a mi afición: Fui empresario y trabajé en una administración de fincas y en una agencia de licencias urbanísticas, hasta que finalmente me decanté por la docencia. Actualmente soy profesor de formación vial.

Además del automovilismo, mi otra gran pasión es la fotografía. Ambas las compatibilizo acudiendo cámara al cuello a ferias, salones, concentraciones y demás eventos relacionados con el motor y sobre todo con el mundillo de los clásicos.

En lo referente al ámbito editorial, he publicado diferentes artículos sobre miniaturas en revistas mensuales como “Automóvil” y “Miniauto”. También colaboro en la publicación web “Clásicos al Volante”.

Me incorporo al equipo de “La Escudería” con muchas ganas de contaros un montón de cosas, de mostraros a través de mis fotos todo lo que voy viendo por acá y por allá relacionado con el mejor invento que ha creado el ser humano (aparte de la cerveza): el automóvil. ¡Espero no aburriros!

 

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