Antonio Silva

N ací en Madrid en el año 1973. Mi afición por los automóviles, como la de otros muchos niños, comenzó temprana gracias a los coches Matchbox, Guisval, y a los Scalextric. Con 14 años ya forraba mis carpetas con recortes de motores.

En el año 1998, estando aún cursando estudios de Farmacia, diversos cataclismos en mi vida me llevaron a la creación, junto con mi hermano, de la empresa que hoy dirigimos. Gracias a ésta y a su sector de actividad, he podido conocer de primera mano todas las fábricas nacionales de vehículos y unas cuantas de las europeas, así como muchas de las de componentes. No siendo esto sino un acicate más para mi afición.

Creo que tenía yo 16-18 años cuando mi padre nos enseño, gracias a un familiar, los coches que se guardaban en El Pardo: un mercedes 540 G, los Rolls, y demás Cadillac y Mercedes… Ya en aquel entonces atesoraba yo alguna revista con artículos sobre ellos; de lo que no hay duda es de que esa visita influyo de manera decisiva en la afición familiar por los coches antiguos. No sería hasta entrado ya el nuevo milenio cuando, gracias una mejora económica, pude hacerme con mi primer clásico.

Dentro del mundo de los vehículos históricos he escrito artículos para la revista digital Clásicos en acción, he colaborado con la cesión de vehículos y asesoramiento escrito en Coches Clásicos, y más recientemente en Motor Clásico. Sobre todo, me encanta acudir a todo tipo de rallies de regularidad, habiendo corrido varias temporadas del TRECE, el Rally Ciudad de Vigo o el Rally de Sitges. Soy, muy a mi pesar, el vigente campeón del Alfonso XIII, rally para vehículos anteriores al 45, que por desgracia se ha dejado de realizar… Igualmente, me encanta ir a ferias nacionales y extranjeras, y devoro con avidez todas las publicaciones sobre clásicos que caen en mis manos.

Soy una persona muy normal en mis preferencias automovilísticas, ya que adoro desde un simple 127 hasta un Horch, cada uno en su contexto, por supuesto. Aún así me mojaré un poco y diré que, como todos, tengo mis favoritos: por un lado, cualquier vehículo preguerra; y, por otro, los deportivos extremos de los setenta y ochenta.

 

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