Recuerdos de post guerra

Publicado el 29 de Septiembre de 2009

Hace unos años, se celebró en la localidad de los Barrios un certamen comercial que contaba con numerosa presencia de automóviles actuales y una pequeña representación de vehículos denominados clásicos. Entre los pertenecientes a esa última categoría pude contemplar un auto de la marca Vauxhall, fabricado en Inglaterra, posiblemente antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Este hecho me trajo a la memoria el singular régimen de uso de automóviles matriculados en Gibraltar por parte de residentes en dicho campo que tuvo vigencia desde aproximadamente 1947 hasta el año 1.958. La producción nacional de coches comenzó en la primera mitad de la década de los cincuenta por lo que en un primer momento la presencia de autos en nuestras modestas carreteras se limitaba a los que ya circulaban antes de la guerra civil a los que se añadían los procedentes de los escasos cupos de importación autorizados, puesto que nuestra maltrecha economía nacional no disponía de las divisas necesarias para adquirirlos. Por ello desde finales de los cuarenta se permitió inicialmente a determinados profesionales que necesitaban un vehículo por motivos laborales, la utilización de coches matriculados en Gibraltar. Casi todos los médicos de la época que recuerdo poseían un auto de este tipo. Posteriormente el número de beneficiarios se amplió a otro tipo de personas. Los afectados por este régimen eran unos auténticos privilegiados de la época que les tocó vivir lo que se comprende cuando se conoce que el parque automovilístico del país en 1.953 se cifraba en 205.734 automóviles y que el coste del primer SEAT 1400 que salió de las cadenas de la fábrica de Barcelona en Noviembre de ese año, ascendió a la suma de 150.000 pts.

El procedimiento consistía en matricular un coche, normalmente de fabricación británica, a nombre de algún familiar o persona de mucha confianza residente en el Peñón. Esta situación fue auspiciada por el Gobierno Militar del Campo de Gibraltar, circunscripción a cuya cabeza figuraba un General de División que poseía un enorme poder tanto civil como militar. El cargo era ocupado por un profesional de reconocido prestigio que posteriormente era promovido a los puestos de mayor responsabilidad de la cúpula militar. En la sede de dicho órgano existían unas relaciones en las que se anotaba tanto el propietario legal como el usuario del vehículo en cuestión. Las localidades de Algeciras y la Línea registraban la mayor presencia de estos vehículos, pudiendo circular sólo dentro de los límites geográficos del denominado Campo de Gibraltar, integrado como es sabido por los municipios de Tarifa, Algeciras, Los Barrios, San Roque, La Línea de la Concepción, Castellar y Jimena. Las normas aduaneras de la época sólo permitían la conducción de tales vehículos si su titular acompañaba al conductor, pero la realidad era que existía una amplia tolerancia sobre este particular y en la abrumadora mayoría de los casos el propietario legal apenas pisaba nuestro país.

Mi padre adquirió un coche de estas características en el año 1947, matrícula G 5535 que estaba a nombre del hermano de un amigo suyo muy querido y al que nunca conocí personalmente. Se trataba de un modesto Standard Eight que dormía a la intemperie debajo de una palmera y que sin embargo mantuvo largo tiempo sus cromados impecables así como la bandera de la Uníón Jack que exhibía en el frontal del capot a la que escogí como blanco para probar mi puntería. A pesar de los numerosos impactos que recibió no logré que se deteriorara lo mas mínimo, tal era su calidad. Sus frenos de tambor se accionaban mediante cables lo que exigía frecuentes reglajes por parte de un avezado mecánico que conocía bien la marca dada su condición de mecánico que se desplazaba diariamente a la Roca para buscar su sustento. El motor de limpiaparabrisas apenas impulsaba las raquetas si no se aceleraba, lo que exigía a veces la ayuda manual, dado que disponía de unos pomos interiores. También recuerdo el sonido metálico como el de una campanilla que se escuchaba cuando el motor de arranque no lograba su propósito.

Con el transcurso de los años primeramente SEAT a finales de 1953 y posteriormente Renault, iniciaron la producción de vehículos por lo que a finales de 1958, el gobierno ordenó a las autoridades aduaneras de la zona la necesidad de acabar con este régimen mediante el Pago de los derechos de importación que correspondieran. En nuestro caso hubo que abonar la suma de 33.000 pts, equivalentes hoy día a más de un millón trescientas mil de las antiguas pesetas. Le correspondió la placa de matrícula, CA 14.683 (Junio de 1.958). Es difícil contabilizar el número de unidades que fueron afectadas por esta obligación pero examinando las matriculaciones de la época, correspondientes a la provincia de Cádiz ,se puede decir que al menos mas de medio millar de registros corresponden a esta situación según se detalla a continuación. Año 1.957: 2.050 unidades; 1.958: 3.803; 1.959:2.840; 1960: 2.775 y 1.961: 4.116.

Para finalizar diré que recientemente me encontré con la persona que posteriormente lo adquirió y en la fotografía que me proporcionó, se apreciaba claramente la citada matrícula, no así el resto del automóvil, parcialmente tapado por él mismo y su familia. Puede comprender el lector la alegría y los múltiples recuerdos que me produjo su contemplación.

Gentileza de Manuel Romero (texto) y Joaquín Benedicto (foto)