Una bonita historia

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Publicado el 29 de Noviembre de 2008

En este año que termina, muchos nos hemos hecho eco del centenario del Ford T y con razón, pues pocos modelos de automóvil han tenido la repercusión social e industrial que tuvo éste.

Sin embargo, si hubiera que decidir cual fue el modelo por el que Henry Ford sintió más cariño, la decisión recaería posiblemente en la primera de sus creaciones: el ingenioso ‘Quadricycle’ que este genio construyó en su propia casa, bastantes años antes de crear su famosa empresa y con el que solía desplazarse por su enorme fábrica hasta poco antes de su muerte. Un ejemplar único que, además, le permitió librarse de pagar las millonarias facturas de royalties que tuvieron que desembolsar al Sr. Selden el resto de los fabricantes norteamericanos, pues era la prueba de que el Sr. Ford sabía construir automóviles antes de que este espabilado americano registrara su patente.

Pues bien, hace unos meses me enteré de que un aficionado burgalés había acometido la increíble tarea de ‘clonar’ este vehículo único, que se conserva en el Museo Ford de Detroit, a partir de sus planos, reproduciendo una a una todas sus piezas, aunque para ello tuviera que recurrir a costosos procesos de mecanización artesanal. Y cuando digo clonar, lo digo totalmente en serio: mientras otras réplicas se han contentado con montar –por ejemplo- ruedas de bicicleta de medida similar a la original, nuestro amigo se ha fabricado las ruedas a la medida exacta, reproduciendo al detalle hasta la tornillería de bronce que sirve de unión entre llantas y radios. Los depósitos de cristal que contienen el aceite fueron refabricados por una multinacional, que recibió la petición de Antonio –que así se llama nuestro amigo- con tanta simpatía que no quisieron ni decirle lo que había costado atender su peculiar pedido. La caña de la dirección se ha construido con diámetro variable (más gruesa en la base que en la empuñadura), como la original. Por supuesto, todos los elementos del motor están mecanizados a partir de bloques de metal en bruto y funcionan como las piezas de un reloj suizo.

Personalmente, quedé tan admirado al contemplar el resultado que –cuando me informó de que tenía repuestos suficientes para construir varias unidades- no dudé en proponerle el vender a museos una pequeña tirada de estas joyas. Esta extraordinaria labor no podía quedar relegada al anonimato de una nave de Burgos. El resultado es que ya ha vendido uno al museo Ford más importante de Europa (el Den Hartogh Ford Museum), que lo expone orgullosamente entre sus más de 200 Fords.

¡Es increíble!. Tan increíble que os ofrezco aquí una muestra del resultado para que podáis comprobarlo por vosotros mismos. (pinchar en las miniaturas, para ver las fotos a mayor tamaño):

 

Y en esta página os ofrezco 2 videos del artefacto en funcionamiento (son los que empiezan por FordQuadricycle).

De toda esta historia, lo que me resulta más gratificante es el comprobar que todavía quedan personas capaces de esforzarse por convertir sus sueños en realidad, sin reparar en gastos y sin esperar más compensación que la íntima satisfacción por un trabajo bien hecho. Con ello nos ofrece un claro ejemplo de lo que significa la palabra ‘afición’. Celebraría sobremanera que algún día también pueda acallar los reproches de quienes lo criticaron por el tiempo y dinero que volcó en esta loca aventura, mostrando las fotos de sus ‘hijos de metal’ luciendo ‘palmito’ en los principales museos del mundo.

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La réplica expuesta en el Den Hartogh Ford Museum de Holanda
(foto gentileza de Paul Wouters)

 

¡Feliz Navidad! (cualquiera que sea la fecha en la que lo leáis)

Sergio Romagosa