Juan Gálvez y el TC Argentino

(publicado el 11/5/2008)
Hace cuarenta y cinco años perdíamos a Juan Gálvez (12/2/1916-3/3/1963)
En Argentina después de la IIGM y hasta bien entrados los 70, prácticamente una sola categoría acaparaba la atención de los aficionados, el Turismo de Carretera. Se corría con cupés americanas de antes de la guerra modificadas, en caminos y rutas un poco al estilo de las Mille Miglia, pero las mas de las veces sobre tierra. Ese profundo contacto con la gente le dio un poderoso arraigo popular, casi pasaban a la vuelta de tu casa, y ni entrada se cobraba.
La competencia mas importante del campeonato de cada año se denominaba Gran Premio con varias etapas y unos 5.000 km. de recorrido y mas a a veces, las de fin de semana por lo general, se llamaban “Vuelta”, una sola o dos etapas. Otras tocaban tres ciudades y se de les llamaba Triangulo. Todas las semanas había carrera.
Algo parecido ocurría con las marcas, las preferencias de los hinchas se dividían entre Ford y Chevrolet, porque eran las marcas que intervenían casi con exclusividad, algún solitario Plymouth (marca de Chrysler como Dodge) completaba la lista. Así prácticamente medio país simpatizaba con los seis en línea de Chevrolet y el otro con los V8 de Ford.
Todos los comentarios y las expectativas rondaban en torno a eso, algo totalmente difícil de imaginar hoy. Eras de uno o de otro, no había alternativas. En los comienzos habían sido Fangio, Marcilla y Marimón quienes defendían los honores de los autos de General Motors, y los Gálvez, Oscar y Juan los Fordistas, mas tarde se agregaban los Emiliozzi.
El comienzo del Campeonato de Turismo de Carretera de 1963 nos sacudía con una noticia dolorosísima, en la primera carrera del año, en un accidente banal, que terminara en vuelco en la X Vuelta de Olavarría, perdía la vida el mas exitoso cultor de la categoría: Juan Gálvez.
En los inicios, Juan, comenzó corriendo como acompañante de su hermano Oscar en 1937, la personalidad totalmente extrovertida de este, ampuloso, gritón, gesticulador, conversador, reclamaba la atención que por lazos familiares se extendió a su hermano Juan de características totalmente opuestas, quien pronto empezó a brillar con luz propia, cuando allá por 1941 decidió cargar con la máxima responsabilidad ubicándose tras el volante de su propio auto, llegando nada menos que segundo de Fangio en su debut.
Tras el paréntesis impuesto por la guerra, su primer triunfo legaría el 22 de febrero de 1949 en una Vuelta de Santa Fe, que organizaba el Club Atlético Jorge Newbery de Venado Tuerto
La caballerosidad de aquellos hombres mas deportistas natos que profesionales, de entonces tenía tal vez en Juan su máxima expresión, Un hombre correctísimo, aunque extremadamente tacaño al momento de la palabra. Concentrado en lo suyo, aparecía casi ignorando la temperatura popular que lo elevaba a la categoría de ídolo, que él aparentaba negar. No se entregaba a sus adeptos, levantaba la mano, saludaba, sonreía y… al trabajo.
Sin embargo Juan se había ganado su lugar en el corazón de la gente, aunque eran muy pocos quienes tuvieran la oportunidad de estrecharlo.. Juancito, como lo llamaba Oscar, su hermano mayor, nunca atribuyó sus problemas a otros ni se quejó de nadie, al tiempo que adjudicaba sus merecidos, transpirados y elaborados triunfos a la suerte o la casualidad.
Un grande de verdad, eso la gente lo supo apreciar, y le entregó su corazón pese a esa parquedad y distancia que parecía separarlo de sus hinchas.
Tal vez el mas encumbrado representante de esa quintaesencia de mecánicos-pilotos, especie extinguida en la actualidad, lugar compartido con su hermano Oscar, los Emiliozzi, y algún puñado de elegidos mas. Juan fue más mecánico, y estratega que piloto, un tipo que desmenuzaba los reglamentos para exprimir toda la ventaja que su habilidad de mecánico permitiera. Sumaba a eso la mas cuidadosa preparación y planificación, siendo esas sus armas fundamentales.
Analítico y minucioso. Fueron famosas sus improvisaciones, reparaciones en ruta, o reemplazo de partes del motor en tiempo record, que sus conocimientos, planificación e ingenio le permitían.
Pero… algún defecto hay que tener… Juan nunca quiso usar cinturón de seguridad. A raíz de que antes que estos se ofrecieran en el mercado, unos principiantes enterados por las revistas de su uso en el extranjero, improvisaron un par, con tanta mala suerte que al producirse un accidente e incendiarse su auto no fue posible desabrocharlos por la precariedad de su construcción. Juan, se formó una impresión equivocada y nunca aceptó usarlos.
De haberlo tenido colocado con seguridad se salvaba ya que falleció como consecuencia de haber sido despedido de su auto, su acompañante Raúl Cottet, también, pero tuvo mas suerte, solo golpes, nada serio.
Aunque incursionó en las carreras de monopostos, y preparó un Mecánica Nacional, terminó abrazando definitivamente el TC que lo encumbró, alzándose con cinco Grandes Premios, nueve campeonatos y 56 victorias. Si se agregan los triunfos en etapas de carreras o Grandes Premios, totalizan 109 sus victorias.
De nada valen anécdotas, elucubraciones, si arriesgó mas de la cuenta, si fue un error, si no debió correr, si la lluvia… ese 3 de marzo de 1963 a las 12:38 horas en “camino de los chilenos” circuito de Olavarría, un accidente, de consecuencias evitables, arrebataba la vida del mas grande de la historia de Turismo de Carretera, que se nos iba apenas cumplidos los 47 años.
Fuentes consultadas: Autoclub, Automundo, El Gráfico, Enciclopedia de Oro del Automovilismo La Nación, Medio Siglo de Automovilismo Argentino, Parabrisas, Velocidad, www.cocheargentino.com.ar, www.auto-historia.com.ar, www.jmfangio.org
Gentileza de Bocha Balboni
