El Mongol Rally - "La aventura mas grande del mundo" 

Team81, Leonardo y Elizabeth, 2CV a Mongolia.

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(publicado el 12/10/2005)

    El 21 de agosto, tres semanas después de salir de Londres y tras aguantar más de 12.000 Km. (la mayoría por caminos atroces), llegamos primeros a Ulaanbaatar, el destino final del Mongol Rally. Antes, el 16 de Agosto, también logramos ser los primeros en cruzar la frontera de Mongolia al oeste de Tsanganuur con nuestro Citroen 2CV, tan solo uno o dos días antes de que la petición oficial de permiso de paso fuese recibida por sus protectores militares. Solo tres equipos, el "Panda Power", "Two Men Went To Mowglia" y el "Plane Broke" nos estaban pisando los talones, mientras otros seguían luchando en Rusia y Kazajstan por hacerse un hueco decente en la clasificación. Asimismo, bastantes participantes habían tenido que abandonar -debido a problemas mecánicos de toda índole- la que se define así misma como "la aventura más grande del mundo".

    Los percances deben ser considerados como lógicos en una prueba automovilística en la que se exige que los vehículos sean de valor mínimo. La razón de ser de esta norma se encuentra en el hecho de que los coches han de quedar en destino para su posterior subasta, para recaudar dinero para las ONG’s "Send a Cow" (proveedor de animales para comunidades pobres en África) y "Save the Children" . Asimismo, es imprescindible pasar lo más desapercibido posible por unas tierras llenas de peligros desconocidos e inesperados.

    La oportunidad de ayudar a aquellas personas con menos suerte que nosotros, en especial a los niños mongoles y nuestra fuerte afición aventurera, fueron los dos factores que nos animaron a inscribirnos como "Team 81" y participar en el rally. Como amantes de los coches clásicos, mi mujer y yo ya estábamos acostumbrados a cubrir largas distancias en nuestro flamante MG B gracias a la participación en otras pruebas como el "Rally de Montecarlo", el "Costa a Costa" o el "Rally de Marrakech".

    Sin embargo, la dureza del viaje de Londres a Mongolia nos sorprendió. Desiertos y estepas sin carreteras, siguiendo la guía de postes telegráficos muchas veces inexistentes  y por caminos a menudo llenos de verdaderos "cráteres", mal llamados baches, son solo algunos de los ejemplos de lo que nuestro querido "Ducky" ("patito", cariñoso apodo que nuestro Citröen 2 CV, uno de los vehículos mas veteranos de la prueba, se ganó por méritos propios) tuvo que pasar.

    Este ejemplar de 2 CV fue donado por Fernando Cortes (amigo y veterano de rallyes), sobre una grúa y cargado de cajas de vino llenas de piezas sueltas en un estado que podríamos calificar de pobre. Entonces, procedimos a su preparación para nuestra prueba utilizando exclusivamente artículos donados o reciclados. No lo hubiéramos logrado sin la ayuda inestimable de voluntarios, entusiastas del motor y la aventura o especialistas mecánicos como mi hijo JC, Fernando, Luis Palacios (presidente del Club 2 CV), Manuel Gonzáles (Taller "Planeta") o Jesús (de "Autodisco") entre otros.

   Gracias al trabajo realizado, "Ducky" pasó la ITV a tiempo para su primera gran prueba de fuego : el viaje Madrid-Londres, donde se daría el pistoletazo de salida del rally que nos llevaría por Europa Occidental, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania ; los países del antiguo bloque comunista (llenos de contrastes extremos) como República Checa, Polonia, Letonia, Lituania, la propia Rusia, Kazajstan ; y finalmente Mongolia.

   A donde íbamos en nuestro brillante 2CV amarillo, atraíamos miradas de admiración, palabras de ánimo, ofertas de dinero, ropas, alimento y bebida (fundamentalmente vodka) para el viaje. Asimismo, hicimos nuevos amigos y surgieron numerosas ofertas para comprar el coche. La gente escribía mensajes de buena suerte sobre la carrocería del vehículo ; incluso los policías y los funcionarios de aduanas, tradicionalmente impacientes, interrumpieron sus quehaceres diarios para dejar su marca y así, aunque solo fuera simbólicamente, tomar parte en la increíble aventura.

   Quedamos sorprendidos por la hospitalidad de las distintas poblaciones que, en momentos de crisis mecánicas o de otro tipo, se acercaban con numerosas y variadas ofertas de ayuda. Por ejemplo, después de pasar la mayor parte del día reparando el coche en Kazajstán, los mecánicos se negaron a aceptar retribución alguna por su trabajo y, lo que es más, insistieron en que el "Team81" se llevara como regalo un saco de manzanas para alimentarse a lo largo del viaje. Este y muchos otros gestos, ayudaron a subirnos la moral, mermada por la falta de sueño, la ausencia completa de las comodidades más básicas y el continuo desafío que suponía mantener el coche andando.

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   Viendo nuestro vehículo, la verdad es que tuvimos bastante suerte. Las esperadas averías de todo tipo pronto hicieron su aparición : el motor en Rusia, problemas con el chasis y rotura del cambio en Kazajstan o el fallo mortal, también de la caja de cambios, más allá de Olgii en Mongolia, que nos obligó a cambiar de vehículo de transporte. También tuvimos oportunidad de sobrevivir a un fuego eléctrico en Polonia y de enfrentarnos a variedad de dramas protagonizados por las almas más oscuras de la humanidad. Cabe destacar el carácter a veces corrupto de determinadas fuerzas de seguridad de las naciones que atravesábamos, que no siempre paraban nuestro vehículo por fines "honestos".

   Como anécdota especial, en Mongolia, después de otra reparación de emergencia de la dichosa caja de cambios, recuperamos la marcha atrás para poder subir a la cima de un monte al revés y después rodar silenciosamente cuesta abajo por las montañas durante casi cien kilómetros. Después, armándonos de mucha paciencia (Mongolia es un bellísimo país, enorme y... despoblado) conseguimos que un camión nos llevara a una población. Allí se hizo evidente que el coche ya no iba más lejos, así que lo dejamos con un mecánico local, después de que sus mejores esfuerzos para resucitar la máquina resultaran infructuosos.

   No dispuestos a "tirar la toalla" tan cerca de la meta, continuamos el viaje hacia Ulaanbaatar, capital de Mongolia, en un transporte más convencional y típico mongol, una furgoneta rusa UAZ tipo Jeep, sobrecargada con gente y su equipaje. Teníamos por delante un viaje arduo de tres días por el desierto de Gobi. Pese a haber perdido a nuestro querido "Ducky", nuestra moral se mantuvo intacta ya que -alternativamente- fuimos perseguidos y perseguíamos a otros coches del rally.

   El Jeep recibió las pegatinas de la prueba. Conductores y pasajeros se implicaron y estaban impacientes por la posibilidad de llegar primeros. Cantaban y acogían calurosamente el paso de otros equipos que no llegarían a ganar. El recién inscrito Jeep, al igual que el resto de participantes, no estuvo exento de problemas mecánicos y otras interrupciones lo que dio lugar a una final muy emocionante, "ajustada" e imprevisible, en la que el "ganador" se decidió en el último momento.

     Finalmente conseguimos serlo nosotros, después de recorrer 12.360 Km. desde Londres, con un promedio de 687.-Km diarios durante un total de dieciocho días, manteniéndonos dos días inmovilizados por culpa de contratiempos mecánicos. Vale la pena destacar que los magníficos neumáticos "Mabor" de Continental ¡no sufrieron un solo pinchazo en todo el viaje ! (sin duda, los 35 Euros mejor gastados). Además, podríamos decir que los 2000.-Km que fuimos transportados por el Jeep y que no condujimos se compensaban con el camino recorrido desde Madrid hasta Londres (que se ahorraron los otros participantes). Asimismo hay que destacar que aunque el rally no es una competición de velocidad, sino más bien una aventura, los participantes nos sentíamos ampliamente motivados por la posibilidad de conseguir llegar los primeros, lo que llevaba al equipo a ponerse al límite como, por ejemplo, cuando Leonardo hubo de conducir más de diecinueve horas seguidas cuando el agotamiento hizo imposible para Elizabeth el seguir sustituyéndole al volante.

   Gracias a nuestros patrocinadores y a aquellos muchos que nos apoyaron, a mencionar entre ellos nuestros 3 hijos, familia y amigos, Sergio Romagosa, Liberty Seguros o Garajes Moran entre otros, conseguimos 1.000 libras para ONG’s y Tg 880.000 para Save the Children. Además, llegamos a Ulaanbaatar con una bolsa de juguetes y juegos que habíamos transportado desde Madrid.

   Por fin allí, y después de un merecido descanso, asistimos llenos de alegría a la llegada de los otros equipos que lograron terminar y entrar en la capital de Mongolia poco después que nosotros. También tuvimos la oportunidad de gozar de las comodidades relativas de la ciudad y sus alrededores. Durante la misma semana obtuvimos un billete para el Transiberiano a Beijing, ciudad desde donde, después de algunos días dedicados al enriquecimiento cultural rodeados de cosmopolitismo, decidimos volver sanos y satisfechos a casa a principios de Septiembre.

    Ya en nuestro hogar y disfrutando de comodidades básicas como agua corriente o electricidad, nos sentimos orgullosos de la aventura llevada a cabo y de haber contribuido a la mejora del escaso bienestar de comunidades africanas y niños mongóles. Hemos decidido preparar un libro y un vídeo sobre nuestro viaje, lo que, de momento, nos alejará de nuevos retos.

 

Más información sobre el equipo: http://www.monteleo.com/team81
La página del Mongol Rally, en: http://www.mongolrally.co.uk
Álbum de fotos Team81, en: http://uk.photos.yahoo.com/leoloos2
ONG 'S: SAVE THE CHILDRENSEND A COW

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Correo electrónico: leonard@monteleo.com